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Los Orígenes:
El Aprismo tiene como antecedente la reforma universitaria,
que en 1918, orientó por primera vez la universidad
hacia la realidad concreta y hacia el pueblo, porque
hasta entonces, en sus aulas se repetían solamente
las teorías y el pensamiento europeo.
La Reforma Universitaria en la que
se formó el joven Haya de la Torre, unió
por primera vez a los obreros y a los estudiantes que
crearon las universidades populares en las fábricas,
y lucharon con los trabajadores hasta conseguir la jornada
de las 8 horas. El segundo acontecimiento que influyó
en el origen del APRA fue la gran Revolución
Mexicana (1910) que proclamó la reforma
agraria (Zapata), la independencia de la nación
mexicana frente a la influencia de Estados Unidos (Pancho
Villa) y la construcción de un nuevo estado capaz
de orientar la riqueza de México hacia la justicia
social (Constitución de 1917). Con esas dos influencias
el joven Haya de la Torre creó la doctrina aprista,
cuyos conceptos él continuó enriqueciendo
a lo largo de su vida, de acuerdo a los cambios del
mundo y de la sociedad.
Los Grandes Principios:
La doctrina aprista promueve la Justicia Social
para superar la explotación, la miseria
y las desigualdades que no se expliquen por el esfuerzo
y la capacidad de cada uno, y reivindica la Soberanía
Nacional ante toda forma de influencia externa
o imperialismo que signifiquen abuso y dominación.
La doctrina aprista afirma que sin Libertad
y Democracia no son posibles ni el progreso
ni la justicia, y por ello rechaza las dictaduras políticas
y económicas. Reivindica el necesario Papel
del Estado como árbitro y regulador
entre el capital y el trabajo, entre las empresas de
servicios y los consumidores y entre la producción
nacional y la economía mundial. Además,
la doctrina aprista afirma que ningún país
de América latina podrá dar una solución
cabal al problema del desarrollo y la justicia sin la
Integración de los Pueblos de América
Latina.
El Frente Unico y la Concertación:
Con estos principios, el Partido Aprista se fundó
en 1930 como un Partido de Frente Ùnico
para agrupar a los trabajadores, los campesinos, los
profesionales, los pequeños y medianos industriales,
mineros y comerciantes, en el esfuerzo común
para alcanzar el poder y transformar la estructura del
estado mediante la Descentralización.
El Aprismo es por esencia el Partido de la
Concertación, porque desde 1930 planteó
la creación del Congreso Económico
Nacional para reunir al capital, al trabajo
y al estado a fin de responder de manera técnica
y científica a los problemas de la inversión,
el empleo y el aprovechamiento de los recursos para
el desarrollo.
El Aprismo reclamó siempre que es imprescindible
saber tratar con el capital extranjero. Frente a la
demagogia comunista del falso nacionalismo, Haya de
la Torre planteó realistamente que ningún
país subdesarrollado podría salir de su
retraso sin la ayuda económica y tecnológica
de los países más avanzados.
Saber tratar con el capital extranjero para aprovechar
la tecnología y el avance que traen es uno de
los grandes planteamientos del aprismo. Ni rechazarlo
primitivamente como planteó siempre el extremismo,
ni aceptarlo en cualquier condición que conduzca
al abuso. Para el Aprismo, la verdadera política
debe ser educación. Cada miembro del partido
debe capacitarse permanentemente, porque sólo
con el conocimiento y la educación un pueblo
alcanza su conciencia histórica. Por eso el partido
luchó siempre por la educación gratuita
para los sectores menos favorecidos, y Haya de la Torre
siempre dijo: "si sabes poco, aprende; si sabes
mucho, enseña".
En síntesis, el Aprismo es justicia social, soberanía
nacional, estado comprometido con las mayorías
y los consumidores, integración continental y
alianza de las clases productoras. Haya de la Torre
fue un visionario del futuro del continente. Sus propuestas
por la afirmación democrática y la integración
continental hechas en épocas de pequeños
nacionalismos y dictaduras, son hoy compartidas por
la inmensa mayoría.
Pero, los apristas deben continuar actualizando los
programas que aplican esos grandes objetivos a la realidad.
Según el pensamiento dialéctico de Haya
de la Torre, que citando al filósofo Federico
Engels decía, "las condiciones en las que
los hombres producen e intercambian económicamente
varían de un país a otro y dentro de cada
país de una generación a otra". Así,
dentro de la lealtad a los grandes principios
de la justicia, la democracia, la integración
y la soberanía nacional deben interpretarse como
siempre lo hizo Haya de la Torre, los cambios económicos
y sociales del mundo y darles respuestas adecuadas.
Hoy la humanidad, por el crecimiento del comercio mundial,
por el extraordinario avance de la tecnología
de la información y de las comunicaciones, ingresa
al mercado global y al capitalismo del conocimiento,
pero estos, como ya lo dijo del imperialismo Haya de
la Torre, son también ambivalentes, es decir,
tienen aspectos positivos, pero pueden ser negativos
para la sociedad si no sabemos regular sus excesos.
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