| Casa del Pueblo, Enero de 2003
Compañeros Dirigentes y Militantes:
Queridos compañeros:
El aprismo ha logrado dos importantes avances.
En el año 2001 logró su reconstrucción
electoral pasando de 1.5% a 47% en el voto presidencial;
luego, en el 2002, ha confirmado su nueva fuerza triunfando
en 12 regiones y 235 municipios, que le permitirán
adiestrarse en la administración pública.
Son dos pasos importantes, pero ahora, en el 2003, debemos
cumplir uno tercero y decisivo que es la reconstrucción
y el fortalecimiento del partido como institución.
El aprismo tiene una importante presencia parlamentaria
y periodística, pero su organización,
la formación de cuadros y su capacidad efectiva
de movilización en la sociedad están muy
retrasadas. No se debe confundir vida parlamentaria
o declaración periodística con organización
partidaria. Una interrupción del sistema democrático
podría terminar con la vida parlamentaria pero
lo importante será que el partido como organización
social y escuela esté fortalecido para superarla.
Además, el objetivo del aprismo no es sólo
conquistar la presidencia o los puestos parlamentarios
y regionales. Esa es una parte. Su verdadero objetivo
es consolidar y organizar un gran movimiento popular
que oriente e influencie la vida social, cualquiera
sea el gobierno. Un gran partido organizado, masivo
con formación programática y discurso,
con capacidad de acción permanente en la sociedad
civil tiene más importancia y poder que cualquier
gobierno para orientar el país hacia la democracia,
la justicia social, la integración continental,
y para actuar en todo momento ante la explotación
y el abuso.
Este es el tercer paso que debemos comenzar cumpliendo
varios objetivos:
Primero, la promoción sistemática
de la ideología y el programa del aprismo y su
adecuación a la realidad actual a través
de nuevos equipos de técnicos, profesionales
e intelectuales.
Segundo, la formación permanente
de la juventud a través de escuelas y centros
de investigación, la reconstrucción del
trabajo en las universidades como centros de referencia
intelectual e irradiación de opiniones, y la
promoción de los más jóvenes a
la dirigencia partidaria en todos sus niveles.
Tercero, la capacitación y adiestramiento
de los cuadros del partido para vincularse permanentemente
con las organizaciones de la sociedad civil y para generar
organizaciones convergentes juveniles, laborales, empresariales,
de mujeres, artísticas, que sin ser parte orgánica
del partido lo vinculen con otros sectores de la sociedad.
Cuarto, la adecuación del partido
a la nueva sociedad migrante subempleada y ambulatoria
dando más importancia en su organización
a las asociaciones y bases funcionales no domiciliadas
de transportistas, agricultores, ambulantes, etc.
Quinto, la convocatoria, inclusión
y promoción de nuevos profesionales, productores
e intelectuales para reinsertar nuestro partido en sectores
de la clase media.
Sexto, la adopción de una estructura
funcional en la dirección partidaria, con el
fin de que, al lado de las secretarías de trabajo
interno (Organización, Propaganda, Ética),
existan las secretarías nacionales del Trabajo,
de Educación, de Salud, de la Agricultura, de
Industrias y de Pequeña y Mediana empresa, de
Transportes y de Vivienda, para que desde ellas los
dirigentes más caracterizados propongan la línea
que en cada área debe seguir el partido, y lo
representen ante las instituciones sindicales o gremiales
de su sector.
Séptimo, la adecuación
a la estructura regional para que los aspectos organizativos
y políticos de cada jurisdicción queden
definitivamente a cargo del comité regional correspondiente
dentro del Plan Nacional de acción del partido.
Octavo, Convertir la organización
aprista, sus grupos profesionales y jóvenes,
y sus locales, en un instrumento de servicio concreto
y permanente al país. Cada local debe ser una
auténtica Casa del Pueblo. Por ejemplo: el aprismo
reclama que el Estado ponga fin al analfabetismo, pero
los cuadros del partido deberían por su propia
iniciativa trabajar para ese fin, considerando que la
alfabetización requiere el adiestramiento de
profesionales y jóvenes para alfabetizar y no
exige mayor desembolso de dinero. Igualmente, la acción
de los abogados, dentistas, médicos y obstetrices,
para servir al pueblo en los locales del partido o en
los barrios y asentamientos humanos, el crear farmacias
de medicamentos baratos en los locales del partido o
academias de preparación universitaria y el establecimiento
del trabajo comunitario en las obras de infraestructura
y servicios de la comunidad.
Esos trabajos comprometerán socialmente al partido
y educarán al militante en el deber de trabajar
por los demás convirtiéndolo en un dirigente
capaz de dialogar, organizar y conducir la sociedad.
Y el partido deberá establecer que cada comité
cumpla obligatoriamente estas funciones como condición
de reconocimiento y existencia; pues al no existir ese
trabajo concreto y externo surge el conflicto y el parasitismo,
confundiéndose la militancia con asistir una
o dos veces por mes a una asamblea en la que, muchas
veces, se generan animadversaciones o se da paso al
arribismo y al apetito electoral que se sirven del APRA,
pero que no sirven al APRA ni al pueblo que representa.
Cumpliendo éstas y otras metas la organización
social del aprismo se movilizará al máximo
de su capacidad y al mismo tiempo, afirmará su
democratización interna logrando que el mayor
número de inscritos participe permanentemente
de sus actividades y decisiones, y desterrando para
siempre el tráfico de influencias y la manipulación
de su democracia interna, gracias al padrón público
de afiliados y a la supervisión de instituciones
electorales de carácter nacional.
Pero ello debe lograrse con autoridad y orden democrático
terminando con el conflicto y el arribismo, y a ello
comprometo todo mi esfuerzo como lo he hecho en los
dos primeros pasos logrado en los años 2001 y
2002.
Al comenzar el año 2003, los saludo con todo
mi afecto y los convoco a la gran tarea de construir
un aprismo social organizado para la defensa diaria
y concreta de las mayorías.
Su compañero.
Alan García Pérez |