| Casa del Pueblo, Setiembre de 2002
A los compañeros dirigentes y militantes
del Partido:
Queridos compañeros:
Al cerrarse la etapa de inscripción
de candidaturas, es mi obligación compartir con
ustedes algunas reflexiones urgentes sobre los últimos
hechos, ante los que los apristas verdaderos y sin ambiciones
deben plantearse la recomposición organizativa
y moral de su partido.
- En primer lugar, es un hecho que parte importante
de los dirigentes y activistas del partido en todo
el país, fue contagiada por el desorden y el
apetito de este proceso. Pareciera que el salario
que ahora dan las regidurías o el deseo de
ganar posiciones para el próximo congreso partidario
determinaron que muchos cayeran en la pugna suicida
a la que hemos asistido.
Fue para evitar el conflicto de elecciones abiertas
con manipulación de padrones y riñas
como antes ocurría, que el CEN propuso formar
en cada lugar una Comisión de Consenso. Pero
casi en ningún sitio se logró el consenso
porque los aspirantes no reconocían en otro
aprista o ciudadano mayores capacidades que las que
cada uno creía tener.
Después, algunos personeros se han permitido
cambiar en el último momento el orden de las
listas y el nombre de sus componentes. Y lo que es
peor, varios candidatos ya inscritos han sido tachados
por quienes aparecen como dirigentes de sus comités.
Así, la primera comprobación es que
en muchos casos ya no hay solidez de principios ni
compromiso aprista sino apetito y desorden.
- En segundo lugar, los aproximadamente 10,000 dirigentes
y activistas permanentes del país no han escuchado
ni aceptado el pedido de abrir mas espacio a la juventud
ni de aceptar en otros peruanos valores y derechos
para trabajar junto a ellos, sin comprender que los
activistas y dirigentes somos una pequeña minoría
en relación a los 15 millones de votantes.
Apenas en el 6% de todos los distritos y provincias
del país se aceptó ciudadanos independientes
como candidatos, y algunos han debido renunciar posteriormente.
Mi temor es que el país perciba eso concluya
que si los apristas no aceptan a los otros que son
el 95%, ese 95% no tiene por que aceptar a los apristas
militantes.
- Por eso, me dirijo otra vez al partido, a través
de sus dirigentes y activistas permanentes, para pedirle
un cambio urgente de esa actitud pues con ella se
está condenando el partido al marginamiento
y al fracaso, y me será imposible transferirle
la simpatía o la confianza que pude concitar
personalmente en los ciudadanos del Perú.
Debemos comprender la necesidad de asociarnos con
la mayoría nacional y aceptar que otros peruanos
tienen el derecho de participar con el APRA en igualdad
de condiciones, reconocer que también otros
pueden saber más, que tienen preparación
y buena voluntad, sin formar parte del grupo básico
de cada comité. Sólo así podremos
cambiar la relación del APRA con el país,
porque sino el 90% de los peruanos puede sospechar
que tras el discurso esperanzador de un candidato
puede estar el secuestro de sus ilusiones y votos
para el beneficio de un aparato partidario.
Recuerden compañeros que Haya de la Torre creó
el APRA para cambiar el destino continental, para
transformar el Estado con los mejores peruanos y para
ayudar a los que no tienen voz.
Conmovido por el espectáculo al que he asistido
en los últimos tres meses, no pierdo sin embargo
la fe, y me dirijo una vez mas a los activistas y
dirigentes para proponerles un movimiento de reestructuración
que relance el partido y las ideas de Haya de la Torre
en beneficio a todo el pueblo del Perú. Y esta
campaña es una nueva oportunidad para comenzarlo,
convocando a todos los peruanos.
Con mi llamado fraternal a su espíritu para
las grandes metas.
Alan García Pérez |