| Negreiros era colaborador inmediato
de Arturo Sabroso en la Confederación de Trabajadores
del Perú. Fueron juntos a un Congreso Sindical
de Filadelfia y a otro en Santiago de Chile entre 1940
y 1944. En 1948 contribuyó a la formación
de la Organización Regional Interamericana de
Trabajadores (ORIT), del que fue primer Secretario General
Arturo Sabroso.
Al quebrarse el orden constitucional por el golpe de
Odría, Negreiros ingresó al Comité
Ejecutivo clandestino del APRA. Uno a uno cayeron en
la cárcel o fueron expelidos al destierro los
Secretarios Generales del Comité Ejecutivo Nacional
del PAP. Negreiros tomó la posta en 1950. Con
su dinamismo y su inteligencia vivaz, su bonhomía
y su decisión se hizo hombre temible para la
dictadura.
Una tarde algún traidor lo cito en la esquina
de 28 de Julio y Petit Thouars . No bien puso el pie
en tierra descendiendo del automóvil que lo conducía
secretamente , rompió el fuego una metralleta
. Negreiros cayó con la cabeza y cuellos acribillados
a balazos. La policía de la época no investigó
el crimen.
Negreiros, repetimos, fue un luchador sindical del temple
de Arturo Sabroso, Juan Guerrero Quimper, Fausto Nalvarte,
Samuel Ríos, Samuel Vásquez, Fausto Posada
Juan Pérez: estirpe difícil de igualar.
Reunían calidades que difícilmente podrán
ser igualadas. Permanecieron fieles a sus deberes de
clase y de ideología. Dieron la vida para servirlos.
Si no hubiese sido por ellos no se habría constituido
el Frente Único de Trabajadores Manuales e Intelectuales
que Haya a la cabeza, estructuró el APRA.
Para nosotros el recuerdo de Luis Negreiros Vega se
confunde con nuestros mejores años de lucha.
Formábamos parte de un frente compacto, fraterno,
sacrificado y pugnaz: del recuerdo de su trágica
peripecia vital renazca un empeño semejante y
hazaña paralelas.
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MEMORIA Y EFIGIE DE UN HEROE
Por: Andrés Townsend Escurra
La Tribuna 27/03/80
Era de mediana estatura, rostro cuadrangular, grandes
orejas, grueso y macizo. Bajo la frente despejada unos
ojos pardos de mirada bondadosa suavizaban el corte,
agresivo del mentón. Sabía hablar y –
virtud más rara- sabía escuchar.
Lo vi muchas veces entrar a “La Tribuna”,
en las oficinas de la calle Belén con los brazos
cargados de documentos y papeles. Todos se referían
a problemas obreros que él – Luis Negreiros
Vega- había resuelto con su habitual serenidad
y eficiencia.
Fraterno, sencillo, leal, intuitivo e inteligente, Lucho
Negreiros era un representante de la mejor y más
excelsa cepa de cholo. De aquel peruano superado, que
ignoro complejos, desdeño envidias y supo tomar,
resuelta y valerosamente, el timón de su destino.
Del Peruano rescatado por el APRA y que por el APRA,
llegó al sacrificio.
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LUIS NEGREIROS VEGA
Por Ezequiel Ramírez Novoa
El Observador 06/04/83
Conocí al Mártir en junio de 1944, a su
regreso de una conferencia internacional, me parece
realizada en Filadelfia en ocasión de la XXVI
conferencia internacional de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT). Los estudiantes de
la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, habíamos
realizado el 6 de junio un extraordinario mitin en la
Universidad donde se enseñorea la histórica
pila, para, protestar y demandar del dictador Manuel
Prado el retorno a la constitucionalidad, la libertad
de los presos políticos y el retorno de los desterrados,
acto que culminó con una exitosa y multitudinaria
manifestación que llegó por el jirón
de la Unión hasta una cuadra antes de la Plaza
de Armas, no obstante las continuas luchas con la policía,
que utilizó su caballería, y los estudiantes
sufrimos fuertes represalias y detenciones.
La Confederación de Trabajadores del Perú
CTP, había convocado la segunda semana de junio
a una asamblea de las bases sindicales para que la delegación
que retornaba de Filadelfia explicara la labor que habían
cumplido. En efecto, el secretario general de entonces
Juan P. Luna hizo una larga exposición y dio
por terminada la reunión, como si nada estuviera
pasando en el país e ignorado el grito de libertad
en los claustros, que traería como consecuencia
elecciones libres. Fue entonces, que apareció
la figura gallarda y altiva de Luis Negreiros, para
decir con voz potente: “¡Un momento! No
podemos terminar esta asamblea de los trabajadores sin
antes protestar por los atropellos que han sido víctimas
los estudiantes sanmarquinos, nuestros hermanos, solidarizarnos
con ellos, y demandar del gobierno que cesen los atropellos
y se pongan en libertad a los detenidos".
La actitud de Negreiros fue frenéticamente aplaudida
por los trabajadores y estremeció la conciencia
de los asistentes, quienes habían asistido bajo
riguroso control- Policial -, pero al que tuve la satisfacción
de asistir como integrante de uno de los sindicatos.
Más tarde el 22 de Julio de 1948, siendo él
( Negreiros) secretario de Organización de la
C.T.P. y el que escribe estas líneas presidente
de la Federación de Estudiantes del Perú
(FEP), el jefe del partido Víctor Raúl
Haya de la Torre, nos dio una misión difícil
y confidencial. Eran los días trágicos
en que se produjo una “Subversión”
de senadores y diputados, y se advertía que el
entonces Presidente José Luis Bustamante y Rivero
anunciaría al país que gobernaría
con decretos leyes, imponiendo una dictadura ad-hoc.
Nosotros debíamos visitar Arequipa, Juliaca,
Puno, y Cuzco; ponernos en contacto con las bases y
amigos del Partido, para informarles lo que se trataba
en las esferas del gobierno, lo cual hizo crisis el
3 de octubre y se aprovechó la circunstancia
la cual era ajena al partido, su jefe y Comité
Ejecutivo, para declararnos fuera de la ley e iniciar
una de las más inicuas persecuciones y maltratos.
El 3 de octubre de 1948, las fuerzas policiales se desplazaron
hacia Ricardo Palma, residencia del Jefe del Partido,
pero sólo me encontraron y me detuvieron junto
con el compañero Colina. Se inició un
proceso contra los miembros del Comité Ejecutivo
Nacional y líderes; se nos otorgó después
de 3 meses, libertad condicional a varios compañeros.
Negreiros se enteró y me hizo buscar con la abnegada
compañera Isabel Castillo, a quien llamábamos
“Catalina Huanca”, por su devoción,
desprendimiento y arrojo. Ella, en los momentos más
dramáticos había alojado en su domicilio
a Lucho a quien lo buscaba la policía, pues era
uno de los tres secretarios generales que el jefe del
partido nombró antes de asilarse.
Con Lucho trabajamos durante un mes hasta altas horas
de la madrugada, porque era incansable y optimista.
Cuantas veces vimos pasar, en las oscuras noches del
Callao, a los patrulleros a varias cuadras de distancia
de donde estábamos. Me dictada las cartas de
denuncia a los organismos internacionales políticos
sindicales y daba instrucciones de la forma como debíamos
actuar frente a la policía para salvarnos de
la detención.
Había estado con Lucho en muchas oportunidades,
incluso una madrugada por primera vez había ido
a un club, como el que llevaba el nombre del recordado
Pinglo. Pero jamás había tenido la ocasión
de calar tan hondo en su espíritu, en su alma,
en su generosidad y en su decisión de vencer
a la oligarquía y arrancarle las conquistas sociales
para los trabajadores a los cuales amaba y defendía
apasionadamente. Una noche me dijo:¡Se acabó
toda tolerancia hacia la gente egoísta, que carece
de sentimientos humanos y que ignora el avance social
de los pueblos.
Tenemos que hacer la revolución, tenemos que
dar al pueblo lo que le corresponde: devolverle su dignidad
de peruanos, hacer realidad sus conquistas sociales;
tenemos que crear una Patria Libre y soberana en la
que los peruanos seamos sus protagonistas y sus mandantes;
tenemos una gran misión que cumplir; tenemos
que dominar nuestros recursos naturales…!
Negreiros fue un líder extraordinario. Autodidacta.
Había seguido con empeño y cumplido celosamente
los 3 deberes de todo aprista que Haya de la Torre inculcó
insistentemente: El deber sindical, político
y cultural.
Por eso, fue excelente dirigente sindical, creador y
organizador de sindicatos y federaciones; fue un gran
líder político, que llegó a ser
secretario general del partido, cargo que lo llevó
al asesinato aleve; y se preparó, estudió,
se culturizó, para ponerse a la altura de quienes
deben cumplir grandes responsabilidades y cargar bajo
sus hombros con destinos históricos.
Acaso el mártir Arévalo pudo haber seguido
su glorioso camino. Negreiros había ganado simpatías
en todos los sectores de trabajadores y su prestigio
llegaba al cenit, cuando las balas asesinas pusieron
fin a su vida, en circunstancias que ostentaba la secretaria
general de CTP y la secretaria general del APRA. Vale
decir los más altos galardones sindicales y políticos,
que ninguna otra personalidad en la historia llegó
a poseer conjuntamente. Un verdadero poder ganado con
esfuerzo, sacrificio y con desprendimiento, para ponerlo
al servicio de la justicia, del pueblo peruano y de
la Patria.
Luis Negreiros Vega es un ejemplo para la juventud peruana,
por su espíritu de superación, por su
lealtad a los principios y a su partido; por su amor
al pueblo peruano; por su perseverancia y por su gallardía
y hombría que lo llevo al sacrificio supremo.
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EL “ELEFANTE MURIO DE PIE”
Por Laureano Carnero Checa
Diario HOY 01/04/84
Negreiros era valiente y trejo. Un auténtico
dirigente sindical. Lo conocí en la casa de una
compañera, cerca de la avenida Mariátegui,
en Jesús María. Era uno de sus escondites.
Cambiaba siempre de lugar, porque los “soplones”,
de la brigada política del tristemente célebre
director de gobierno de entonces, Esparza Zañartu,
que persiguió, encarceló, torturó
y deportó a cientos de apristas, lo buscaban
sin tregua, hasta que lo asesinaron, en la esquina de
Petit Thouars y 28 de Julio.
Bueno, Negreiros trabaja en esta dura y sacrificada
tarea, con Eduardo Jibaja, Miguel Guevara y Carlos Figueroa.
Uno de sus chóferes fue el compañero Villavicencio,
que conducía su auto cuando los “pistoleros
de Esparza Zañartu” lo acribillaron a balazos
la noche trágica del 23 de marzo de 1950.
Como joven era desesperado, inquieto y quería
más acción. No todos los que conducían
el Comando Nacional de Acción salían a
combatir como Negreiros a la tiranía. En realidad
Negreiros era el único que salía en las
noches a realizar contactos con los compañeros.
A unificar el partido. A dar aliento a sus cuadros clandestinos.
A repartir propaganda. Muchas veces lo acompañe
en esta tarea. Por supuesto que muchos líderes
estaban presos o estaban deportados.
“No te desesperes, Cascarita (así me decían
a mi, desde la más tierna infancia…), me
dijo una vez Luis Negreiros, así es la lucha,
lo que pasa que todos quieren ser sobrevivientes”.Y
él no fue sobreviviente. Murió asesinado,
como Arévalo y tantos dirigentes obreros.
“ A mí me van agarrar muerto” , me
dijo otra vez, siendo secretario de la CTP. Cuando lo
asesinaron yo estaba preso en “El Sexto”.
La noticia corrió como un reguero de pólvora
entre los presos políticos, Entre los apristas.
“Ha caído para no levantarse más,
Luis Negreiros Vega”. Leímos en el diario
“Ultima Hora”. Se nos estrujo el corazón.
Nos indignamos. Estábamos aherrojados sin poder
hacer nada. Pero su heroísmo y su lucha nos acompaño
siempre. Dándonos fuerza y optimismo para seguir
en el combate.
“Murió como quería que lo vieran,
al pie de su ideal”, como lo diría en un
poema Willy Carnero Hoke. Sí, al pie de su ideal.
Combatiendo por los derechos humanos. Por la democracia.
Por los trabajadores. Por una Patria libre y digna.
Honor y gloria a Luis Negreiros Vega, combatiente caído
en la lucha por la libertad y la justicia social. Como
los verdaderos héroes, nunca mueren.
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